Una taza de caldo (I)

El bosque silencioso

                                   I
Sito se aplicó a soliviantar a unos y a otros hasta que consiguió su objetivo. En una discoteca de Besoto daban una fiesta bárbara.
Con los ojos chispeantes y en un patente estado de agitación, Sito no paraba de preguntar: ¿quién tiene coche? ¿cuántos somos? ¿cabemos todos? Explicaba exultante que la discoteca estaba situada en una casona antigua, lo cual le confería un toque especial, haciéndola diferente de todos los establecimientos de su género.
No puedo decir que me contagiara su alborozo, pero como todo el mundo parecía encantado, también yo me sumé a la iniciativa.
“Nos tenemos que ir ya” repetía Sito coreado por otro insensato que lo apoyaba en todo.
Era tarde. La consigna era seguir al primer vehículo, en el que iba Sito, único conocedor de la ubicación exacta del local nocturno. No podíamos perderlo de vista, sobre todo cuando entrásemos en el pueblo.
Había poco tráfico…

Ver la entrada original 408 palabras más

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s