Mi nuevo relato “Huida al sur” primera parte.

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Necesitaba salir, irme lejos,

Me quedaba sin aliento,

No podía pensar,

En ser feliz.

Estaba sola, muy sola,

Aunque tuviera familia,

Me sentía sola.

Así huy,

Me fui lejos.

Esta es una historia que me sentía con ganas de contar algún día.

Hacía unos meses antes de cumplir los 40, murió mi madre y me quede huérfana, ya que mi padre había muerto un año antes.

Yo ese día empecé a ver la malicia y la maldad de mi familia. Todos querían quedarse con algo, yo,  ya sabía cómo eran, pero no sabía lo crueles que podían ser.

Todo empezó una noche de primavera, mis hermanos llegaron a casa con sus parejas diciéndome que no podía estar sola, pero en menos de ayudarme, me decían que debía ir a un lugar donde me cuidarán, yo sorprendida les dije que tenía trabajo que, ¿A dónde querían que fuera?.

Y así empezó todo, mi desconfianza en ellos, en no querer relacionarme con ellos. Solo les importaba el dinero y ser cada vez más ricos. Su codicia era tan grande…

Razón tenía mi madre, que un día, yo me quedaría sin nada, en la calle. Razón tenía en decirme que mis hermanos no me querían, que solo pensaban en ellos, en su bienestar, que injusta es la vida.

Un día me quede sin trabajo, sin mi pequeño  y modesto trabajo. No era gran cosa, ganaba para sobrevivir y nada más. Lo que hizo que mi hermana mayor me echara de mi propia casa, aludiendo que no podía pagarla, y me fui llorando…

Durante unos días, una amiga me cogió en su casa, ella me vio llorar y llorar. Peor al no querer cansarla con mi sufrimiento decidí irme a otra parte. Ella con muy buen corazón me presto dinero y así viví una nueva aventura.

Mi huida por así decirlo fue a Granada, yo nací en el norte de España y me fui al sur del mismo país. Por qué a esta ciudad, no lo sé, estaba acostumbrada a escuchar historias muy bonitas de ella contadas por gente que la había visitado y decidí huir a ella para conocerla y empezar de nuevo.

Mi llegada a la ciudad fue en pleno verano lo primero que hice fue buscar una humilde casa donde no me cobraran mucho por estar un tiempo, y en buscar un poco de trabajo. Un tabernero y su mujer me dieron unas señas de unos amigos de ellos, que necesitaban una persona cariñosa, buena y de confianza para cuidar a sus hijos a jornada completa, y allí fui.

Era un matrimonio muy agradable, me preguntaron de todo, yo en algunas cosas tenía experiencia y en otras no,  al final se apiadaron de mí  y me dieron el puesto de trabajo.

Y así comenzó mi nueva vida, de Lunes a Sábado cuidaba a los pequeños, uno de 6 años y otro de 10 años, les acompañaba a la piscina al teatro y a otras actividades a los que sus padres los habían escrito para hacer en las vacaciones, hacía su comida y limpiaba la casa. Los domingos o me quedaba con ellos o disfrutaba de un día libre disfrutando de esta maravillosa ciudad.

Próxima mente la segunda parte.

 

 

 

 

 

 

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