Relato 5 parte “Huida al sur 5” Conociendo Granada tercera parte.

Después de nuestra visita a la fuente de los Leones, se nos acercó una chica a preguntarnos sobre la Silla del Moro. Ni yo ni Diego le pudimos dar una explicación exacta de lo que en su día le contaron a ella.
Se llamaba Alba y había venido a visitar Granada, después de que sus padres le contaran que en esta hermosa ciudad, su padre había pedido la mano a su madre. Quería conocer la ciudad que tanta alegría les daba a sus padres al hablar de ella. Y una de las historias que le contaban era, la Silla del Moro.
Como a nosotros también nos intrigaba, nos acercamos a uno de los guías, para hacerle la pregunta.
Este nos comentó que más allá del Generalife (cuando se observa desde la Alhambra), se ve una desnuda y pelada colina que está coronada por unas ruinas.
Esa colina aun hoy día la llaman así La silla del Moro, esto es porque en una insurrección en la Ciudad de la Alhambra, el Rey Boabdil (último gobernante de la Granada musulmana), tuvo que buscar refugio en este monte, y des de ese lugar contemplo como entraban en la Alhambra.
Después de hablar con el guía, nos acompañó a ver el resto de la alhambra y también nos contó otra leyenda que ella conocía, y que su padre algunas veces la contaba como si fuera una historia de terror, para bromear con ella, cuando iban a disfrutar del campo.
La historia era la del Soltado encantado. La historia cuenta que un estudiante de Salamanca, que le guastaba viajar cuando tenía descanso en verano, llego a Granada, se celebraba en aquel entonces la víspera de San Juan, reparó en la presencia de un extraño soldado ataviado de lanza y armadura.
El joven le pregunto por su identidad, el soldado, le contesto que padecía un encantamiento desde hacía 300 años: según el soldado un alfaquí musulmán le conjuró a montar guardia al tesoro de Boabdil por toda la eternidad, dándole sólo la licencia para salir de donde el tesoro una vez cada 100 años.
El estudiante le propuso ayudarle. El soldado le ofreció la mitad del tesoro por él custodiado si le ayudaba a romper el hechizo: lo que necesitaba era un sacerdote en ayuno y una joven cristiana. La joven no fue difícil de hallar, pero el único cura que encontró era un obeso adorador de los manjares, por lo que tardó mucho en convencerlo, y solo con la promesa de riqueza acepto ayudarle.
Subieron esa misma noche hasta el escondite, situado en la Alhambra, portando una cesta de comida para que el párroco saciase su gula una vez acabado el trabajo. Llegado ante una torre, las piedras de su pared se abrieron a la orden del soldado, dejando al descubierto una estancia con el formidable botín.
Una vez dentro y mientras realizaban el sortilegio, el hambriento cura se abalanzó sobre la cesta y devoró un grueso capón. De repente el estudiante, la muchacha y el sacerdote se encontraron en el exterior de la torre y la entrada sellada… ¡el hechizo se había roto demasiado pronto! Y así el soldado perdió la oportunidad de escapar de tan cruel castigo, al a los demás su sueño de ser ricos. Pero una cosa si el amor entre el joven y la cristiana empezó, ese mismo día.

Diego: Que historia más interesante, pero lo del cura…

Mila: La gula es muy mala consejera, sobre todo si llevas horas sin comer.

Alba: Cuando me contaban esta historia mis padres, yo siempre pensaba, que si fuera yo, me hubiera negado a llevar una cesta de comida, o si la llevaba la hubiera dejado fuera del alcance el sacerdote.

Diego: Bien pensado. Son las doce del mediodía que os apetece ir a tomar algo o seguir visitando.

Alba: A mí me gustaría seguir con la visita, dentro de unas horas llega mi marido de Cadiz y después tendré poco tiempo de visitar tranquilamente la Alhambra.

Mila: Si eso, como es que.

Alba: (sonriendo), mi marido tiene una empresa de construcción yo soy su secretaria, creamos la empresa juntos unos años antes de casarnos, y hoy está en Cadiz, visitando a uno de nuestros socios, yo como solo le ayudo en temas de contabilidad y pedidos no me necesitaba, para la reunión con su socio y decidimos hacer, por una vez, una separación de unas horas el iría a la reunión y yo visitaría la Alhambra, el lugar que tanto hablan mis padres, el después se unirá a mí, y haremos otro viaje, antes de dirigirnos a Toledo don de residimos habitualmente.

(Mila y Diego asiente).

Mila: Que es lo que te falta por ver.

Alba: uf, la sala de los Abecerrajes, la sala de los Reyes, la sala de las dos hermanas etc…

Diego: Pues vamos, a seguir con la visita.

La Sala de los Abencerrajes fue la alcoba del sultán. Al ser un cuarto privado no hay ventanas exteriores. Los muros están ricamente decorados. El escudo y los colores son originales. El zócalo de azulejos es del siglo XVI de una fábrica de azulejos sevillana.
La cúpula está decorada con mocárabes; en el suelo, en el centro, una fuentecilla servía para reflejar la cúpula de mocárabes, que al estar ricamente decorada, conseguía una luz bella y mágica, pues al entrar la luz por la parte superior iba cambiando según las distintas horas del día.
Seguimos con nuestra excursión y nos dirigimos a la sala de los Reyes, esta llamada asi por la pintura que ocupa la bóveda del cuarto central, es la sala más larga del Harén, dividida en tres cuartos iguales y dos pequeños que pudieran ser armarios, por su emplazamiento y falta de iluminación.
Esta sala posiblemente podría ser destinada a fiestas familiares. Hay una bóveda en el centro, las pinturas de esta representan a los diez primeros reyes de Granada desde la fundación del reino, uno de ellos con barba roja que puede ser Mohamed ben Nazar llamado Al hamar el Rojo, fundador de la dinastía Nazarí. En las bóvedas laterales sus pinturas representan caballeros y damas, realizadas a finales del siglo XIV. Según cuenta nuestro libro de la Alhambra, hubo un intercambio artístico en tiempos de Pedro I de Castilla quien solicitó ayuda al rey de Granada para restaurar los Reales Alcázares de Sevilla.
La división interna de la sala está realizada mediante arcos de atajo, cortando la estancia de forma perpendicular. Estos arcos muestran su intradós repletos de mocárabes y sus parámetros están cubiertos por yeserías, en los que aparecen símbolos nazaríes y también cristianos. La apariencia conjunta de la sala con sus arcos decorados puede recordar algún modelo de mezquita almohade.
Después nos dirigimos a la sala de Dos Hermanas, esta sala está saliendo del patio de los Leones.

Mila: Oh, que pasa aquí, y la puerta.

Alba: La puerta, original está en el Museo de la Alhambra, y es de taracea, según cuenta es una de las más bellas del palacio.

Diego: Pues habrá que pasar después por el Museo a verlas. Según el libro la llaman la sala de las dos hermanas por dos losas de mármol blanco, que deben de ser aquellas, (señala dos losas situadas en el suelo a ambos lados de, la fuete central de la sala), exactamente iguales en tamaño, color y peso. Y esta sala tiene un mirador sobre la ciudad y comunicación directa con los baños.

Mila: Como todas las salas de la Alhambra, tiene poemas escritos en sus paredes.

Alba: Mi madre me conto una, se la enseño, una vieja amiga de su madre que vivía aquí en granada, después de tiempo al buscar información en la Wikipedia sobre esta ciudad encontré ese mismo poema en ese programa.

Mila: Y ¿cuál es la poesía?

Alba: Sin par, radiante cúpula hay en ella, con encantos patentes y escondidos. Nunca vimos jardín tan verdeante, de más dulce cosecha y más aroma.

Mila: Interesante poesía.

Alba: Pues sí.

En cada cuarto de esta sala hay dos puetecillas, una da al harén alto, otra es una letrina. No hay cocina. Empleaban el anafe o cocinaban fuera.
Al acabar esta sala nos dirigimos a sala de los ajimeces y mirador de Daraxa o Lindaraja, está al fondo de la sala anterior ya que está el Balcón de Lin dar Axixa. Daba al valle del río Darro y se veía a lo lejos la ciudad. La construcción del Pabellón de Carlos V interrumpe ahora la vista, por eso se construyó el jardín de Lindaraja, italiano, con fuentes renacentista y taza de mármol árabe. En el mirador de Lindaraja, se puede leer un poema “ yo soy de este jardín el ojo fresco (…), En mí a Granada ve, desde su trono.
Mientras observábamos esta hermosa sala, nos empezó a dar hambre a los tres y nos dirigimos a uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad

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