El niño zangolotino (V)

El bosque silencioso

                                 V
Aunque casi todas coincidiesen en su bonachonería y su cordialidad, las opiniones sobre él eran divergentes, incluso contradictorias.
Cuando, por ejemplo, tronchándose de risa, fulano contaba el episodio ocurrido en la pronunciada ladera erizada de matorrales y peñascos que desciende del ruinoso castillo, la imagen resultante no era nada lisonjera.
La pandilla a la que pertenecía el zangolotino, enfrentada a muerte con otra rival, lo utilizaba, entre otros ingratos ejercicios, como emisario de las declaraciones de guerra. De hecho, dado el grave peligro que implicaba, hubo que cambiar esa norma.
Al principio, las pandillas acordaron que un representante en persona iría al cuartel enemigo y comunicaría verbalmente tan delicado mensaje. Pero solía ocurrir que, en cuanto el mensajero volvía la espalda, pese a considerarse un acto cobarde y deshonroso y estar formalmente prohibido, alguna que otra pedrada caía sobre él.
En cualquier caso, nadie lo libraba de los…

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