Ciudad irreal

Imagen de la ciudad irreal Foto: Duca di Spinaci (CC BY-NC 2.0)

La rama dorada me llevó a La tierra baldía. Así descubrí a T.S.Eliot. Un día compré sus Poesías reunidas, traducidas al castellano por José María Valverde. Lo leí entero, sin entender casi nada.

Luego, con los años y los aniversarios, fuí leyendo y releyendo los versos con pausas, aislados del conjunto del poema, dándoles un sentido propio, tal vez distinto al pretendido por el autor. Y fue entonces cuando apareció, como chispas de un martillo al golpear el metal contra el yunque, la poesía.

Por eso hoy, viendo en la red tantas felicitaciones por su aniversario, quise sumarse a esa manifestación de gratitud colectiva, retomé de nuevo el libro de pastas anaranjadas y en esas páginas por las que parece que no pasa el tiempo, recorrí otra vez los rincones de la ciudad irreal.

Ese cadáver que plantaste el…

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