Tedio

Baudelaire le llamaba spleen de Paris. No es vacío, sino hueco, la ausencia de algo; lo percibimos pero no sabemos definir con exactitud. Está ahí, agazapado en la sombra, esperando para saltar sobre tí, agarrarte de algún pedazo de carne situado entre la garganta y la base del estómago y empezar a retorcerlo hasta que desees buscar una solución, cualquier solución capaz de hacer que abra sus mandíbulas y te suelte.

Imagen de Cádiz Foto: Santiago Pérez

La naturaleza del placer es opuesta al tedio. A diferencia de éste su imagen se construye con instantes que se recuerdan como un sol que se ve pero no calienta, como el dolor. Se sabe que está ahí, que de algún modo disfrutamos de él, recordamos su disfrute, pero el recuerdo no lo revive, sólo empuja a repetir la misma experiencia en su encuentro. Las fuentes del placer son singulares, individuales, intransferibles y luminosas.

El…

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