Capítulo XX

elbesoenelespejo

Pasaba los días y las noches entre las cobijas, dando la espalda a la caja de tabaco; el gato hacia lo mismo. Rubí ordenó entonces que la comida le fuera llevada a la alcoba. Cuando decidía comer, se levantaba cuidadosamente y probaba tan solo el líquido y un poco de arroz. Sol, luna, sol, luna, sol… Sus intestinos gruñían y su vejiga no resistía más. Caminó a zancos y descansó en el retrete, una fuerte exhalación fue la prueba de ello. Lavó sus manos con agua y jabón; se miró al espejo, su piel canela se tornaba blanca, y tenía unas profundas ojeras, una sombra de un verde inferior al color de sus ojos. Cerró la puerta tras él, inhaló, sostuvo el aire y exhaló.
Arrastró las chanclas sobre las baldosas, puso la mano sobre la perilla de la puerta, y como si fuese un acto furtivo, la giró; vio…

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