El fantasma, el demonio y la bruja (II)

El bosque silencioso

II

Siguió refiriendo el fantasma que, cuando precipitaba a Feliciana en el abismo valiéndose de ese recurso, la pobre, desmadejada, sin fuerzas para dar un soplido, pasaba varios días tendida en el sofá, con los ojos extraviados.

Carcajeándose, el fantasma precisó: “Hasta que no retiro la sábana con que la he envuelto, no tiene aliento ni para llorar, desahogo del que le gustaría disfrutar, pero que no está a su alcance”.

Con genuina maldad concluyó: “Y así la tengo, como un pelele, hasta que me parece”.

Sus compañeros estimaron que se trataba de un magnífico entretenimiento. “Si la vierais palidecer cuando le echo el sudario por encima”…

“Su piel absorbe el color espectral de la tela. Os aseguro que a veces me confundo y soy incapaz de distinguir mi vestimenta del cuerpo de la mujer. El resultado es un continuum fantasmagórico”.

“Eso es un auténtico éxito” dijo el demonio de…

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